Caso Práctico: Cura de un Sinus Pilonidal

También conocido como quiste pilonidal, quiste dermoide o fístula sacrocoxígea, el sinus pilonidal es una infección crónica localizada, en la mayor parte de los casos, en el pliegue interglúteo.

Etimológicamente responde a “nido de pelos”, dado que en la mayor parte de los casos, aparecen pelos en su interior.

Se trata de una patología que afecta en mayor proporción a los varones (3:1), los cuales debutan a partir de la pubertad y es poco frecuente en adultos mayores de 40 años; el perfil más frecuente es el de un varón adolescente, moreno, velludo, y que pasa mucho tiempo sentado.

En este caso práctico, vamos a comentar la sintomatología, evolución, y tratamiento de un sinus pilonidal en varón de 39 años, con varios procesos agudos intermitentes desde hace tres años, y más frecuentes cada vez.

Con anterioridad, el quiste evolucionaba durante dos días hasta drenar espontáneamente por un conducto natural a la altura del pliegue interglúteo cesando las molestias, aunque con el tiempo, se hacía necesaria la introducción de una pequeña cánula y la aplicación de presión, para liberar el contenido, cada vez mayor de pus del interior.

Tras consultar con el cirujano digestivo, se decide abordar quirúrgicamente, valorando dos posibles alternativas, la excisión radical con cierre por primera intención, y la excisión en bloque sin sutura de la herida, con la intención de una cicatrización por segunda intención.

Ambas técnicas presentaban sus ventajas e inconvenientes; la primera de ellas supone un 30% de tasas de infección e índices de recidiva más altos, al persistir tractos superficiales que pueden precisar destechamiento ulterior, mientras que la segunda técnica da lugar a periodos de curación largos y, a menudo, complejos, por lo que a día de hoy, está considerado como un método obsoleto (Guias Clínicas de la Asociación Española de Cirujanos, Cirugía Colorrectal, Salvador Lledó Matoses -Arán-).

Por todo ello, se opta por un abordaje más extenso al lado de la línea media, a través del cual poueda eliminarse todo el contenido piloso y patológico de granulación de la cavidad crónica, con lo que se puede rehuir la herida en el pliegue interglúteo, mejorando los resultados de cicatrización por primera intención, consiguiéndose unas tasas de recidiva no superiores al 10%.

El 23 de abril se inicia la intervención como cirugía ambulatoria, utilizándose  anestesia local, procedimiento que se prolonga durante unos 40 minutos.

Previo a la intervención, se inyecta una cantidad de azul de metileno, el cual presenta una gran afinidad con el tejido fistuloso, y ayuda a delimitar el área afectada.

Se extrae una buena cantidad de tejido, que es posteriormente remitido a la unidad de anatomía patológica, la cual no informa de hallazgos significativos más allá de lo que se esperaba (Fotografias 1 y 2).

Los siguientes días transcurren sin excesivas molestias, y las curas se limitan a limpiar con suero fisiológico y betadine la herida, persentando ésta un buen aspecto general (Fotografía 3), hasta que el 27 de abril, empieza a drenar una buena cantidad de sangraza, situación que se prolonga en los días siguientes, por lo que el 30 de abril se decide retirar los puntos dejando únicamente los dos superiores, para facilitar el drenaje (Foto 4).

Llegados a este punto, se decide realizar curas diarias, con la colocación de un penrose durante unos días, hasta que la herida deja de drenar, consistiendo las curas en la introducción con jeringa de suero salino, limpieza de los acúmulos de fibrina de los bordes de la herida, taponamiento con gasas estériles, y betadine para los puntos (Foto 5).


La mejora general de las condiciones del exudado y para evitar que el penrose termine por crear un nuevo canal, se sustituye por gasas impregnadas en ácido hialurónico, presentando en ese momento la herida un recorrido de aproximadamente 14cm. (Foto 6).


El ácido hialurónico es un agente con características químicas y biológicas que aceleran el proceso de reparación tisular, acortando notablemente el período de cicatrización, siendo una relación positiva costo/beneficio.

Este apósito medicamentoso está ligado fuertemente al componente de la matriz extracelular:

* Reduce la inflamación
* Efecto angiogénico
* Biocompatibilidad y resistencia a la hialuronidasa
* Produce la formación de un tejido de granulación
* Llega a la reepitelización

Con el paso de los días vamos introduciendo cada vez menos cantidad de gasa, para favorecer el cierre desde el interior, y comenzamos a cortar pequeñas porciones de un hidrogel estéril, con un elevado componente hídrico (96%), que se introducen directamente en la herida.

Las pruebas experimentales que indican que el mantenimiento de la humedad de las heridas acelera la reepitelización son uno de los mayores logros de los cincuenta últimos años, y que han conducido al desarrollo de una amplia variedad de apósitos que conservan la humedad y que estimulan la “cicatrización de heridas en un ambiente húmedo”.

La mayoría de las pruebas de la cicatrización de heridas en un ambiente húmedo se desarrolló mediante experimentos con heridas agudas, aunque sus resultados se extrapolaron rápidamente a las heridas crónicas. Al contrario de lo que se creía, mantener húmeda una herida no aumenta las tasas de infección.

El hidrogel en cuestión, actúa de barrera contra la penetración de bacterias desde el exterior, pero permite el paso de iones, moléculas (antibióticos, antisépticos) y gases, y tampoco se adhiere a la herida.

A día de hoy, casi dos meses después, la herida se encuentra cerrada en su práctica totalidad, y el paciente realiza una vida perfectamente normal, eso sí, extremando la limpieza de la zona hasta la completa curación (Foto 7).

Material empleado en las curas (Foto 8).

BIBLIOGRAFÍA Y WEBS DE INTERÉS

• Guias Clínicas de la Asociación Española de Cirujanos, Cirugía Colorrectal, Salvador Lledó Matoses -Arán-

• Grupo nacional para el estudio y asesoramiento en úlceras por presión y heridas crónicas http://www.gneaupp.org

• Dina I. Peirona Henríquez http://www.laenfermeria.es

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Escrito por el 2 jun 2007. Archivado bajo Artículos, Investigación, nº 3. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Están cerradas las respuestas por el momento, pero puedes dejar un trackback de tu propio sitio web.

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